miércoles, 10 de julio de 2013

LA IMPORTANCIA DE DESAPRENDER

El ser humano nace con una capacidad asombrosa para aprender. Muchas veces hemos oido la frase "los niños son como esponjas" porque absorben toda la información que está a su alcance.

Esta capacidad de aprendizaje dura toda la vida, aunque no con la intensidad de la primera infancia. Por eso, cuando llega el momento de desaprender, es mucho más difícil deshacer el camino de los primeros años.

Siempre he pensado que me pasé los primeros 30 años de mi vida aprendiendo, y a partir de ahí, ha tenido mucha más importancia lo que he desaprendido para cambiar las cosas que no me gustaban, o que habían resultado francamente un fracaso.

Podría explicar muchos temas desaprendidos estos últimos años, pero desde que soy madre, estoy desaprendiendo a marchas forzadas.

Desaprendí enseguida que los bebés han de dormir en sus habitaciones decoradas con cariño, en sus cunas y del tirón.

Desaprendí que las tomas de pecho sean cada tres horas, diez minutos de cada pecho. Y que inmediatamente después, se cambia el pañal y duermen hasta la siguiente toma.

Desaprendí que haya leches maternas que no alimenten. Todas las madres fabrican el mejor alimento para sus hijos, no hay leches "desnatadas" ni "bajas en calorías". Tampoco es cierto que siempre que llora un bebé es por hambre y necesita "ayudita". Las "ayuditas" son, en la mayoría de las ocasiones, el final de la lactancia.

Desaprendí que no se les debe coger en brazos para que no se "malacostumbren". Y que para pasear han de ir en su cochecito, mirando el cielo y sin rechistar mientras mamá habla con sus amigas, pasea o va de tiendas.

Desaprendí que necesitan "rutinas" para dormir y que el baño les relaja. Casualmente me tocó una maestra que lloraba en cada baño como si la estuvieran metiendo en aceite hirviendo y los baños se convirtieron en un contrareloj, en el que parecíamos su padre y yo los mecánicos de un fórmula uno, desvistiendo, lavando y vistiendo a cuatro manos en un tiempo record. Y por supuesto, no todos los días hay que bañar a un bebé!.

Ahora estoy en una nueva etapa, que es más difícil que la anterior: desaprender los hábitos de educación que hemos recibido en nuestra infancia y no aplicarlos en nuestros hijos. Porque los respetamos como seres humanos que son (pequeños, pero no por ello de categoría inferior a la nuestra), no les pegamos. Ni siquiera un cachete en las manos cuando tocan lo que no deben, ni siquiera ese tortazo en el culete cuando desobedecen. Porque, aunque no les duele físicamente, es una falta de respeto.

Tampoco les insultamos o les menospreciamos de ninguna manera "es que eres patoso", "es que eres tonto, ya te lo había dicho", "es que a veces pareces sordo, no me has oido?".

No ponemos de manifiesto sus defectos delante de otros, aunque nos parezcan muy pequeños para entenderlo. ¿Criticas a tu marido, a tu madre, a tus hermanos delante de desconocidos? si lo haces, revisa porqué e intenta pensar qué sentirías tú si ellos hicieran lo mismo contigo. Nuestros hijos tienen derecho a que sus defectos queden entre nosotros, en casa, y que les ayudemos a trabajarlos.

Nuestra sociedad es una sociedad Adultocentrista, donde las necesidades y prioridades de los adultos se ponen siempre por delante de las necesidades de los niños. Y no es justo ni ético, se ha de buscar el equilibrio, aunque sea difícil y no siempre acertemos, aunque nos equivoquemos mil veces. Les pediremos disculpas e intentaremos mejorar.

De eso se trata la vida y eso queremos que aprendan nuestros hijos: papá y mamá se han equivocado a veces, pero piden disculpas e intentan mejorar. Trabajando la empatía, tenemos mucho camino ganado. Últimamente pienso que la falta de empatía es la raiz de la mayoría de problemas de nuestra sociedad.

Para que luego digan que el saber no ocupa lugar. Sí que ocupa, y hemos de hacer limpieza para acomodar la nueva sabiduría.

1 comentario:

  1. Yo con lo que me quedé una vez leyendo de un post del foro es lo de no insultarlos ni aún cuando sea de buena fe y lo digan sonriendo ... Lo recordé cuando una vez nos dijeron "hay que te has hecho caquita, eres un marranote !! " a un bebé de 8 meses.

    Evidentemente fue dicho como algo gracioso y sin grado de ofender, pero me dio por pensar que cuando sea mayor, él no podrá saber con que intenciones habla la gente ... así que yo tb desaprendo de como hay que hablar a un bebé.

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