jueves, 7 de febrero de 2013

¿Porqué?

Recupero una entrada que hice hace años. La recupero porque creo que es perfecta para el tema del blog: desaprender. Desaprender lo que sabemos, reinventarnos, olvidar los prejuicios y empezar de cero. Es difícil hacer cambios en la vida, pero es posible. Y más cuando hay buenas razones para ello. También la recupero para que algún día mis hijas entiendan un poco mejor a la loca de su madre.

Una anotación final: ya he llegado al punto en el que me importa muy poco lo que piensen los demás de lo que como o dejo de comer.

"Cuando me hice vegetariana mis conocidos se mostraron estupefactos. Yo, que adoraba los bistecs casi crudos, que me encantaba el foie-gras, los callos, las hamburguesas, en fin, que era carnívora, que me tragaba hamburguesas de doble carne. Sí, yo me hice vegetariana.

Hace casi dos  años me uní a la defensa de los animales, pero no quería dejar la carne, por mucho que mi razón dictara que era lo más congruente. Yo podía estar en contra de las corridas de toros, del maltrato a los animales, podía defender a capa y espada a los perros y sobretodo, a los gatos. Pero dejar de comer carne ¿porqué? estaba taaaaaan buena...además, no era sano y los animales de granja habían sido criados para eso, no? era lo "natural", matar para comer.

Pasado un tiempo empecé a darme cuenta que allgo no cuadraba. ¿Cómo podía comerme a un pequeño ternero que habían arrebatado a su madre? ¿Cómo podía comer conejo, después de  mirarles a los ojos? ¿y las (para mi) fabulosas costillas de cordero lechal? un cordero lechal es un bebé que aún debería estar mamando y con su madre. Pero se lo arrebataron para matarlo y que yo disfrutara de esas pequeñas costillas tan buenas.

No fue del día a la mañana. Tarde casi un año en tomar la decisión, pero llegó un momento en el que me di cuenta, tras larga reflexión: la única razón por la que no me había vuelto vegetariana era mi propio egoísmo. No había ningún motivo de salud, ni racional, por el que debiera seguir comiendo carne. Me fijé una fecha, el 1 de enero de 2010 para no volver a comer la carne de ningún animal. Y aquí estoy.


Ya no siento culpas, no me siento incongruente. Ya no me apetece  la carne cuando la huelo, cuando la veo. Mi vida dio un vuelco.

No me ha sido para nada difícil personalmente. Disfruto de los nuevos platos que estoy cocinando, de los esfuerzos por adaptar los platos "de toda la vida" para que no contengan ni una sola gota de sangre ni sufrimiento. Me siento bien por dentro y por fuera y puedo visitar un refugio y mirar a los ojos a los animales no humanos sin sentirme culpable. Porque puedo vivir sin que ellos tengan que morir por un capricho mio.
Es difícil en cuanto a mi entorno. No todo el mundo lo entiende y, lo que es peor, no todo el mundo lo respeta. Las "bromitas" de los primeros meses no me costó aceptarlas. La intolerancia, en este momento que ya llevo ocho meses como vegetariana, me está empezando a enfadar y ya he sacado las uñas alguna vez. Pero se que después de esta fase vendrá la de que me dará todo igual lo que digan. O eso me ha dicho mi mejor amiga vegana.

Pero os aseguro que ha sido una de las mejores decisiones de mi vida."

No hay comentarios:

Publicar un comentario